Para el tercer día en Japón el objetivo estaba situado a unos 600 km de Tokyo. Nos levantamos temprano para poder coger desde la estación de Tokyo el tren bala que en menos de 4 horas nos llevaría hasta el castillo de Himeji (Himeji-jo) considerado por la Unesco
patrimonio de la humanidad y uno de los tesoros nacionales de Japón.
Desde la estación de Himeji donde nos dejó el Shinkansen encontrar el castillo de Himeji-jo fue bastante sencillo ya que sólo tuvimos que seguir la avenida principal Otemae-dori y tras un kilómetro más o menos se ve el castillo.
Tras comprar la correspondiente entrada y dejar todos los trastos con los que ibamos cargados en las taquillas entramos en el interior formado por los jardines y edificios anexos al castillo.
La visita comenzó en el corredor del edificio oeste del castillo siempre que te quitaras los zapatos antes de entrar ya que está completamente prohibido pisar con calzado su interior de madera. ¡No te asustes que no tendrás que ir descalzo! Te prestan una “estupendas” pantuflas para el paseo. La verdad es que esta parte del castillo es bastante sosa. Vas recorriendo unos pasillos muy oscuros sólo iluminados por las pequeñas ventanas que vas encontrando a medida que avanzas y poco más. Al salir dejamos las pantuflas y nos dirigimos hacia el edificio principal del castillo.
La función principal de castillo era la defensa así que subida hasta el 6º piso viene precedida por pasadizos secretos y escaleras realmente inclinadas que evitaban el ataque enemigo. En algunos de los pisos se encuentran exposiciones de armas de la época, armaduras de samurais y otros artilugios que amenizan la subida.
Una vez que llegamos al último piso nos encontramos con un pequeño templo shintoista que se supone que estaba situado en la cima de la colina donde actualmente está el castillo
razón por la que decidieron dejarlo en el interior del mismo. Dejamos constancia de nuestro paso firmando en el libro de visitas y pusimos el típico sello en la guía, descansamos un rato admirando las impresionantes vistas que hay de la ciudad y volvimos sobre nuestros pasos para salir del castillo. En el trayecto de bajada nos encontramos con una maqueta del armazón del castillo. ¡Es impresionante que esté realizado completamente de madera!
Siguiendo con nuestra visita a los alrededores del castillo nos llamó la atención una estancia dedicada al
ritual del harakiri y otra zona en la que hay un pozo donde se aparece el fastasma de Okiku, una sirvienta del samurai Aoyama. La leyenda cuenta que Aoyama se enamoró de ella pero la sirvienta le rechazó así que el señor samurai oculto uno de los diez platos de la familia y le dijo a Okiku que la acusaría del robo del plato si no aceptaba su proposición. Okiku no cedió así que fue torturada y asesinada. De esta forma la voz de Okiku se escucha salir del pozo durante la noche contando los platos hasta el número nueve, momento en el que aparece su fantasma del pozo.
Terminada la visita al castillo regresamos hasta la estación buscando un lugar para comer. Nos acercamos a una galería comercial situada en frente de la estación, comimos y descansamos un rato hasta que llegó el momento de volver a coger el Shinkansen con destino a Kyoto donde pasamos 2 noches para visitar la ciudad y alrededores.













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